Ángela adónica - Pablo Neruda

Aquí tenemos otro estupendo poema de Pablo Neruda, este genial maestro de los versos cargados de emoción. Algo cursi por momentos, pero las figuras que logra para conmover al lector, son estupendas.

La naturaleza y el universo siguen siendo los elementos que Neruda aprovecha para hablar del amor. Lo hacía por considerar que una fuerza tan grande y hermosa como lo es el amor, solo podía asemejarse con la naturaleza y el cosmos, él creía que estos tres elementos pertenecían a una misma categoría.

En Ángela adónica, nuevamente nos presenta a una amada pura, casi virginal, confundida con el océano, con el fuego, fuerte y frágil a la vez. El poema nos sugiere un encuentro amoroso, el erotismo y la pasión se dejan leer claramente entre líneas.

Ángela adónica

Hoy me he tendido junto a una joven pura
como a la orilla de un océano blanco,
como en el centro de una ardiente estrella
de lento espacio.

 De su mirada largamente verde
la luz caía como un agua seca,
en transparentes y profundos círculos
de fresca fuerza.

 Su pecho como un fuego de dos llamas
ardía en dos regiones levantado,
y en doble río llegaba a sus pies,
grandes y claros.

 Un clima de oro maduraba apenas
las diurnas longitudes de su cuerpo
llenándolo de frutas extendidas
y oculto fuego.

 Pablo Neruda



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El Lenguado - José Watanabe

Conocí a José Watanabe algunos años antes de su muerte y en las dos ocaciones que traté con él, me dio la misma impresión de un hombre calmado, un hombre sereno y consciente de la grandeza y pequeñez de su condición como humano.

José Watanabe era una persona sencilla, honesta, comprensiva, no solo era un gran poeta sino además un buen amigo, un buen maestro.

Y sus poesía, que es ahora lo que importa, lo ha situado en un lugar importante de la lírica contemporánea. Su poesía siempre está cargada de una profunda reflexión sobre la vida y la muerte, presentada en versos sencillos y claros.

Leyendo los versos de Watanabe, uno se da cuenta de lo mucho que le falta por aprender en este noble oficio de la escritura. Disfruten el poema.

El Lenguado

 

Soy
lo gris contra lo gris. mi vida
depende de copiar incansablemente
el color de la arena,
pero ese truco sutil
que me permite comer y burlar enemigos
me ha deformado. He perdido la simetría
de los animales bellos, mis ojos
y mis narices
han virado hacia un mismo lado del rostro. soy
un pequeño monstruo invisible
tendido siempre sobre el lecho del mar.
Las breves anchovetas que pasan a mi lado
creen que las devora
una agitación de arena
y los grandes depredadores me rozan sin percibir
mi miedo. El miedo circulará siempre en mi cuerpo
como otra sangre. Mi cuerpo no es mucho. Soy
una palada de órganos enterrados en la arena
y los bordes imperceptibles de mi carne
no están muy lejos.
A veces sueño que me expando
y ondulo como una llanura, sereno y sin miedo, y más grande
que los más grandes. Yo soy entonces
toda la arena, todo el vasto fondo marino.

 

José Watanabe



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El divino amor - Alfonsina Storni

Para todos los seres humanos el amor es una fuerza que complementa la vida. El amor es un buen motivo para continuar, para conseguir las metas, para esforzarnos, el amor a nosotros mismos y el amor hacia una persona que nos complementa, ha sido el motor que dado dinamismo a la historia de la humanidad.

Ha estado presente en los hechos más importantes de la historia humana pero también, ha estado presente en la vida cotidiana. Todos estamos a merced de ese gran sentimiento.

De eso es que Alfonsina Storni nos habla en este poema. En general, la obra de la Storni ha tenido al amor como piedra angular de su actividad creativa. La ausencia de un amor que complemente su vida se deja notar en sus poemas, pero nunca con la misma intensidad con la que ella asumía esa ausencia. Estoy seguro que disfrutarán de este poema…

El divino amor

 Te ando buscando, amor que nunca llegas,
te ando buscando, amor que te mezquinas,
me aguzo por saber si me adivinas,
me doblo por saber si te me entregas.

 Las tempestades mías, andariegas,
se han aquietado sobre un haz de espinas;
sangran mis carnes gotas purpurinas
porque a salvarme, ¡oh niño!, te me niegas.

 Mira que estoy de pie sobre los leños,
que a veces bastan unos pocos sueños
para encender la llama que me pierde.

 Sálvame, amor, y con tus manos puras
trueca este fuego en límpidas dulzuras
y haz de mis leños una rama verde.

Alfonsina Storni



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Aire del Sur buscado en Inglaterra - Rafael Alberti

Este puede ser el poema que más me gusta de Alberti, al personificar al aire y trasladarle a él la búsqueda de la identidad, crea un testimonio honesto y emotivo sobre lo que significa tratar de descubrir quién uno es.

Si el aire quisiera ser lo que por su naturaleza debe ser, su desgarro sería profundo, pero también equivocado. De eso nos está hablando Alberti, de cómo muchas veces buscamos ser diferentes de quienes somos, cuando en realidad la respuesta para por aceptarnos a nostros mismos.

La fórmula para ser feliz, el punto de inicio para todo crecimiento espiritual, es la autoaceptación, el conocimiento de uno mismo y el aceptar lo que tenemos dentro es la clave para librarnos de temores y tristezas. Este es un gran poema, estoy seguro que van a disfrutarlo…

A Luis Cernuda,
Aire del Sur buscado en Inglaterra

 Si el aire se dijera un día:
—Estoy cansado,
rendido de mi nombre… Ya no quiero
ni mi inicial para firmar el bucle
del clavel, el rizado de la rosa,
el plieguecillo fino del arroyo,
el gracioso volante de la mar y el hoyuelo
que ríe en la mejilla de la vela…

 Desorientado, subo de las blandas,
dormidas superficies
que dan casa a mi sueño.
Fluyo de las paradas enredaderas, calo
los ciegos ajimeces de las torres;
tuerzo, ya pura delgadez, las calles
de afiladas esquinas, penetrando,
roto y herido de los quicios, hondos
zaguanes que se van a verdes patios
donde el agua elevada me recuerda,
dulce y desesperada, mi deseo…

 Busco y busco llamarme
¿con qué nueva palabra, de qué modo?
¿No hay soplo, no hay aliento,
respiración capaz de poner alas
a esa desconocida voz que me denomine?

 Desalentado, busco y busco un signo,
un algo o alguien que me sustituya
que sea como yo y en la memoria
fresca de todo aquello, susceptible
de tenue cuna y cálido susurro,
perdure con el mismo
temblor, el mismo hálito
que tuve la primera
mañana en que al nacer, la luz me dijo:
—Vuela. Tú eres el aire.

 Si el aire se dijera un día eso…

Rafael Alberti



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Lovers go home! - Mario Benedetti

El poeta Mario Benedetti nos ha dejado recientemente, pero su poesía queda con nosotros para siempre. Lo han llamado “maestro del romanticismo” y eso debido a que el tema recurrente en su obra es el amor.

Como se sabe, para que el amor sea verdadero y sano, es necesario que exista un sólida amistad. De eso es que trata este poema, de la amistad como base del amor.

La simpleza de sus pensamientos y de sus versos son el estilo característico de Benedetti, no porque se trate de un poeta poco inteligente, sino porque para él las cosas son simples, claras, no hay motivo para complicarlas.

Lovers go home!

 Ahora que empecé el día
volviendo a tu mirada,
y me encontraste bien
y te encontré más linda.

Ahora que por fin
está bastante claro
dónde estás y dónde estoy.

Sé por primera vez
que tendré fuerzas
para construir contigo
una amistad tan piola,
que del vecino
territorio del amor,
ese desesperado,
empezarán a mirarnos
con envidia,
y acabarán organizando
excursiones
para venir a preguntarnos
cómo hicimos.

Mario Benedetti



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Cuántas veces, amor, te amé sin verte y tal vez sin recuerdo - Pablo Neruda

Como hemos comentado antes, Neruda es un maestro cuando se trata de expresar lo que el amor hace sentir y pensar a los hombres.

Cuando se encuentra a la persona amada, la sensación de haber hallado un complemento es grande, el sentirse mejor, el sentirse completo es usual.

De eso está tratando este poema, de la manera cómo el yo poético prefiguraba a la amada, de cómo la intuía, la imaginaba, de su búsqueda inconciente hasta hallarla.

Y una vez que eso sucede, una vez que se encuentra eso que llamamos el verdadero amor, la experiencia se hace realmente intensa.

Estoy seguro que estarán de acuerdo con Neruda y que disfrutarán del poema

Cuántas veces, amor, te amé sin verte y tal vez sin recuerdo…

 Cuántas veces, amor, te amé sin verte y tal vez sin recuerdo,
sin reconocer tu mirada, sin mirarte, centaura,
en regiones contrarias, en un mediodía quemante:
eras sólo el aroma de los cereales que amo.

Tal vez te vi, te supuse al pasar levantando una copa
en Angola, a la luz de la luna de Junio,
o eras tú la cintura de aquella guitarra
que toqué en las tinieblas y sonó como el mar desmedido.

Te amé sin que yo lo supiera, y busqué tu memoria.
En las casas vacías entré con linterna a robar tu retrato.
Pero yo ya sabía cómo era. De pronto

mientras ibas conmigo te toqué y se detuvo mi vida:
frente a mis ojos estabas, reinándome, y reinas.
Como hoguera en los bosques el fuego es tu reino.

Pablo Neruda



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Masa - César Vallejo

César Vallejo es uno de los poetas que alcanzó mayor profundidad y originalidad entre los poetas que vivieron la vanguardia. Es peruano de nacimiento y vivió en Europa la última etapa de su vida.

La guerra civil española caló en su alma y dedicó un poemario entero a describir la profunda emoción que le causaba, tituló su libro “España aparta de mí este cáliz”, que se publicó de manera póstuma.

Vallejo es un poeta que se interesa profundamente por lo humano, por el sentido y la nobleza de la humanidad. Pero no de manera ingenua, claro está que entiende lo que el hombre hace cuando se deja llevar por la maldad.

Pero Vallejo comparte la visión cristiana de que la humanidad puede redimirse, que la fuerza del amor es tan grande que puede hacer milagros, que puede cambiar el rumbo de las cosas.
De eso nos habla Vallejo en el siguiente poema.

Masa

Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: “¡No mueras, te amo tanto!”
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

 Se le acercaron dos repitiéronle:
“¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!”
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

 Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando “¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!”
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

 Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: “¡Quédate hermano!”
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

 Entonces, todos lo hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazo al primer hombre; echóse a andar…

 

César Vallejo



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¿Quién eres? - Gabriel Celaya

Gabriel Celaya es un poeta de gran honestidad, probablemente su poesía no porpone una forma nueva de entender las cosas, no se trata de un poeta precursor, pero sí de un poeta honesto, que busca la autenticidad en sus versos.
Como para todos los hombres sanos, el amor es el motor que impulsa la poesía de Celaya, el amor ha sido el gran tema de su poesía, está presente en todos sus versos.
Como ahora, en este poema, en el que el intento por definir a la amada puede ser también un intento por descubrir la vida, por entender la naturaleza de la existencia, porque amor y existencia pueden ser la misma cosa.

¿QUIÉN ERES?

 Con cambiarte de traje, te cambio también de alma.
( No adivinas mi angustia. No sé casi quién eres. )

 Si te revuelvo el pelo tú ríes locamente
mientras a mí me duele sentirte tan informe.

 Tanto puedo variarte que no sé ya que quiero.
Tú puedes serlo todo. Tú eres la misma nada.

 Y te ríes, y acaso, si tus labios me buscan
son solo una medusa de silencio anhelante.

Gabriel Celaya



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La enamorada - Alejandra Pizarnik

La poeta Alejandra Pizarnik nació en Argentina y su poesía está marcada toda de su sensible honestidad, Alejandra nunca supo como adecuarse a la vorágine del mundo actual.

“La enamorada”, el poema que presentamos, es una muestra de ello, del dolor que la vida misma le causaba, nunca se encontró en ningún lugar, nunca estuvo conforme con la manera en qué suceden las cosas.

Sin entender a la raza humana y sin entenderse ella misma, llena de dolor y cansada, Alejandra se alejó para siempre del mundo dejándonos como herencia sus versos:

La enamorada

 ante la lúgubre manía de vivir
esta recóndita humorada de vivir
te arrastra Alejandra no lo niegues.

 hoy te miraste en el espejo
y te fuiste triste estabas sola
y la luz rugía el aire cantaba
pero tu amado no volvió

 enviarás mensajes sonreirás
tremolarás tus manos así volverá
tu amado tan amado

 oyes la demente sirena que lo robó
el barco con barbas de espuma
donde murieron las risas
recuerdas el último abrazo
oh nada de angustias
ríe en el pañuelo llora a carcajadas
pero cierra las puertas de tu rostro
para que no digan luego
que aquella mujer enamorada fuiste tú

 te remuerden los días
te culpan las noches
te duele la vida tanto tanto
desesperada ¿adónde vas?
desesperada ¡nada más!

Alejandra Pizarnik



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Poemas de Amor: Veinte poemas de amor y una canción desesperada; Canción desesperada - Pablo Neruda

A lo largo del poemario, el yo poético ha ido mostrando el amor inmenso que sentía por su amada, era un amor grande, un amor que lo reconciliaba con el universo. Pero había tormento también, porque la ausencia estaba presente en recuerdos, en sentimientos, mas no en cuerpo y carne.

Y esa doble sensación, la de presencia y ausencia a la vez, hacía que el yo poético viviera en una tensión constante, entre la más grande felicidad y la más profunda tristeza.

Tirsteza que termina imponiéndose, ante la renuncia del yo por la lejanía inevitable de ella. Dado que ella se fue, lo único que queda es esto: la canción desesperada. Que la disfruten.

Canción desesperada

Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy.
El río anuda al mar su lamento obstinado.

 

Abandonado como los muelles en el alba.
Es la hora de partir, oh abandonado !

 

Sobre mi corazón llueven frías corolas.
Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos !

 

En ti se acumularon las guerras y los vuelos.
De ti alzaron las alas los pájaros del canto.

 

Todo te lo tragaste, como la lejanía.
Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio !

 

Era la alegre hora del asalto y el beso.
La hora del estupor que ardía como un faro.

 

Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego,
turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio !

 

En la infancia de niebla mi alma alada y herida.
Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio !

 

Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo.
Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio !

 

Hice retroceder la muralla de sombra.
anduve más allá del deseo y del acto.

 

Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí,
a ti en esta hora húmeda, evoco y hago canto.

 

Como un vaso albergaste la infinita ternura,
y el infinito olvido te trizó como a un vaso.

 

Era la negra, negra soledad de las islas,
y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos.

 

Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta.
Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro.

 

Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme
en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos!

 

Mi deseo de ti fue el más terrible y corto,
el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido.

 

Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas,
aún los racimos arden picoteados de pájaros.

 

Oh la boca mordida, oh los besados miembros,
oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados.

 

Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo
en que nos anudamos y nos desesperamos.

 

Y la ternura, leve como el agua y la harina.
Y la palabra apenas comenzada en los labios.

 

Ése fue mi destino y en él viajó mi anhelo,
y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio!

 

Oh sentina de escombros, en ti todo caía,
qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron.

 

De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste
de pie como un marino en la proa de un barco.

 

Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes.
Oh sentina de escombros, pozo abierto y amargo.

 

Pálido buzo ciego, desventurado hondero,
descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!

 

Es la hora de partir, la dura y fría hora
que la noche sujeta a todo horario.

 

El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa.
Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros.

 

Abandonado como los muelles en el alba.
Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.

 

Ah más allá de todo. Ah más allá de todo.

 

Es la hora de partir. Oh abandonado !

Pablo Neruda



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