Rima LXI - Gustavo Adolfo Bécquer

La reflexión sobre la existencia humana suele ser profunda y sobrecogedora, no se necesita ser un erudito para que el análisis de nuestros días en el mundo sea un hecho importante en nuestras vidas. Gustavo Adolfo Bécquer tuvo que padecer esa penosa enfermedad que lo postró en su lecho y aisló de la compañía de los demás.
Un ser solitario, enfermo, con una gran capacidad de meditación, dentro de sí, con la claridad suficiente para cuestionar el epílogo de su vida. Las preguntas de esta rima son fuertes, son importantes, ¿quién dará testimonio de su existencia?, ¿quién lo recordará?
Lo que el poeta ansía es trascender su muerte, que la siente cercana, encontrar algo o alguien que dé testimonio de su paso por este mundo, y la ausencia de ese testigo parece estarlo atormentando. Un poema muy emotivo, de profundo pensamiento.

Rima LXI

Al ver mis horas de fiebre
e insomnio lentas pasar,
a la orilla de mi lecho,
¿quién se sentará?

Cuando la trémula mano
tienda, próximo a expirar,
buscando una mano amiga,
¿quién la estrechará?

Cuando la muerte vidríe
de mis ojos el cristal,
mis párpados aún abiertos,
¿quién los cerrará?

Cuando la campana suene
(si suena en mi funeral)
una oración, al oírla,
¿quién murmurará?

Cuando mis pálidos restos
oprima la tierra ya,
sobre la olvidada fosa,
¿quién vendrá a llorar?

¿Quién en fin, al otro día,
cuando el sol vuelva a brillar,
de que pasé por el mundo
quién se acordará?

Gustavo Adolfo Bécquer


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