Tan rápidos como el agua del río… - Omar Khayyam
El tiempo es uno de los grandes límites del hombre, un estado del que ninguno de nosotros puede escaparse. El tiempo y el espacio nos limitan y definen.
Este misterio inexorable es abordado en el siguiente poema con bastante ingenio y destreza estética, incluso casi con desenfado, como tratando de mostrarse ajeno a ello, indiferente.
Cuando el poema habla de la Torre Oscura, me parece que evoca, o podría evocar, al panóptico de Foucault, que todo lo vigila y controla.
La reflexión del texto es profunda y la manera de plasmarse es magistral, el tiempo manda sobre nosotros y nuestra vida se torna efímera; estoy seguro que lo disfrutará, amigo lector.

Tan rápidos como el agua del río…
Tan rápidos como el agua del río
o el viento del desierto, nuestros días huyen.
Dos días, sin embargo, me dejan indiferente:
el que partió ayer y el que llegará mañana.
A aquellos que en el hoy aguardan su ventura,
y a los que en el mañana fijaron su esperanza,
un muecín les grita desde la Torre Oscura:
-«¡Locos! ni aquí, ni allí, vuestra paga es segura!»
En sueños, otra voz, que me repite, advierto:
-«La flor abrirá al beso de la nueva mañana»;
mas un rumor que pasa, me dice, ya despierto:
-«La flor que ayer abrió, dio su aroma y ha muerto».





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