Poemas de Amor: "Veinte poemas de amor y una canción desesperada" poema 11 - Pablo Neruda

La noche es usualmente el escenario preferido para que la soledad y tristeza del poeta se manifiesten de una manera más abrumadora.
Con la ausencia del amor a cuestas, el yo poético del Poema 11, nos muestra su desgarrado recuerdo, la falta que ella le hace, el vacío que experimenta porque ella ha partido.
Pero este es un canto que no se dirige a los hombres, sino que tiene como interlocutora privilegiada a la noche, y sus elementos: la luna, las estrellas, el cielo por encima de las montañas, tal vez como metáfora de la oscuridad que cubre su vida, el opaco color de la melancolía que envuelve sus ojos.
Sin embargo, en este poema podemos ya ver la intención de querer superar la etapa de sufrimiento, el deseo de encontrar un camino nuevo, diferente, lejos del llanto y el dolor intenso que experimenta. Estoy seguro que terminarán la lectura de este poema de Neruda tan conmovidos como yo.

Poema 11

Casi fuera del cielo ancla entre dos montañas
la mitad de la luna.
Girante, errante noche, la cavadora de ojos.
A ver cuántas estrellas trizadas en la charca.

Hace una cruz de luto entre mis cejas, huye.
Fragua de metales azules, noches de las calladas luchas,
mi corazón da vueltas como un volante loco.
Niña venida de tan lejos, traída de tan lejos,
a veces fulgurece su mirada debajo del cielo.
Quejumbre, tempestad, remolino de furia,
cruza encima de mi corazón, sin detenerte.
Viento de los sepulcros acarrea, destroza, dispersa tu raíz soñolienta.
Desarraiga los grandes árboles al otro lado de ella.
Pero tú, clara niña, pregunta de humo, espiga.
Era la que iba formando el viento con hojas iluminadas.
Detrás de las montañas nocturnas, blanco lirio de incendio,
ah nada puedo decir! Era hecha de todas las cosas.

Ansiedad que partiste mi pecho a cuchillazos,
es hora de seguir otro camino, donde ella no sonría.
Tempestad que enterró las campanas, turbio revuelo de tormentas
para qué tocarla ahora, para qué entristecerla.
Ay seguir el camino que se aleja de todo,
donde no esté atajando la angustia, la muerte, el invierno,
con sus ojos abiertos entre el rocío.

Pablo Neruda


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