Caballo de los sueños- Pablo Neruda

Neftalí Reyes, o Pablo Neruda, como se le conoce, es un poeta de suma maestría cuando se trata de expresar la carga emocional que un hombre lleva a cuestas, este poema por ejemplo, Caballo de los sueños, no puede leerse sin dejar de sentir su fuerza en el corazón.
Me ha producido tristeza, nostalgia, pero me llevado también a pensar en lo inmneso del universo y lo valiosa que es la vida.
Los elementos de la cotidianidad del yo poético nos remiten a la época en la que Neruda trabajó como diplómatico en Asia.
Y lo del caballo rojo de los sueños parecen una metáfora de la fuerza vital, como la sangre que recorre diariamente nuestro cuerpo y nos purífica, nos lleva el oxígeno a todos nuestros rincones.
Pero a Neruda no se lo tiene que explicar, se lo tiene que leer y hacer silencio. Que lo disfrutes.

Caballo de los sueños

 INNECESARIO, viéndome en los espejos
con un gusto a semanas, a biógrafos, a papeles,
arranco de mi corazón al capitán del infierno,
establezco cláusulas indefinidamente tristes.

Vago de un punto a otro, absorbo ilusiones,
converso con los sastres en sus nidos:
ellos, a menudo, con voz fatal y fría
cantan y hacen huir los maleficios.

Hay un país extenso en el cielo
con las supersticiosas alfombras del arco iris
y con vegetaciones vesperales:
hacia allí me dirijo, no sin cierta fatiga,
pisando una tierra removida de sepulcros un tanto frescos,
yo sueño entre esas plantas de legumbre confusa.

Paso entre documentos disfrutados, entre orígenes,
vestido como un ser original y abatido:
amo la miel gastada del respeto,
el dulce catecismo entre cuyas hojas
duermen violetas envejecidas, desvanecidas,
y las escobas, conmovedoras de auxilios,
en su apariencia hay, sin duda, pesadumbre y certeza.
Yo destruyo la rosa que silba y la ansiedad raptora:
yo rompo extremos queridos: y aún más,
aguardo el tiempo uniforme, sin medidas:
un sabor que tengo en el alma me deprime.

Qué día ha sobrevenido! Qué espesa luz de leche,
compacta, digital, me favorece!
He oído relinchar su rojo caballo
desnudo, sin herraduras y radiante.
Atravieso con él sobre las iglesias,
galopo los cuarteles desiertos de soldados
y un ejército impuro me persigue.
Sus ojos de eucaliptus roban sombra,
su cuerpo de campana galopa y golpea.

Pablo Neruda


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