Poemas de Amor: Veinte poemas de amor y una canción desesperada; poema 14 - Pablo Neruda

La emoción, el sentimiento, la pasión, el amor es siempre un corcel trepidante en los versos de Neruda, sobre todo en este primer poemario que publicó teniendo apenas 19 años y que se ha traducido a más de 30 lenguas en el mundo entero.

Este poema es uno de los más intensos y los más entregados a la amada. Ella no está ausente, o en todo caso, su no presencia no duele sino más bien alimenta el amor que el yo poético le profesa. Es la naturaleza y el universo lo único que podría describirla, porque la amada es muy bella, muy esplendorosa.

Quien exprese así sus sentimientos es un hombre que ama con un corazón grande, con una pasión inmensa. Estoy más que seguro de que este poema te conmoverá cuando lo leas… si tienes a quién amar, tráela a tu mente o léeselo en voz alta. Que disfrutes.

Poema 14

Juegas todos los días con la luz del universo.
Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua.
Eres más que esta blanca cabecita que aprieto
como un racimo entre mis manos cada día.

 A nadie te pareces desde que yo te amo.
Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas.
Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur?
Ah déjame recordarte como eras entonces, cuando aún no existías.

 De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada.
El cielo es una red cuajada de peces sombríos.
Aquí vienen a dar todos los vientos, todos.
Se desviste la lluvia.

 Pasan huyendo los pájaros.
El viento. El viento.
Yo solo puedo luchar contra la fuerza de los hombres.
El temporal arremolina hojas oscuras
y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo.

 Tú estás aquí. Ah tú no huyes.
Tú me responderás hasta el último grito.
Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo.
Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos.

 Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas,
y tienes hasta los senos perfumados.
Mientras el viento triste galopa matando mariposas
yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela.

 Cuánto te habrá dolido acostumbrarte a mí,
a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan.
Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos
y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes.

 Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote.
Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado.
Hasta te creo dueña del universo.
Te traeré de las montañas flores alegres, copihues,
avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos.

 Quiero hacer contigo
lo que la primavera hace con los cerezos.

Pablo Neruda


Escribe un comentario


Artículos relacionados