Rima IV - Gustavo Adolfo Bécquer

Lo que sucede con la poesía y la literatura en general es que sus temas son repetitivos, desde hace mucho, desde que los hombres empezaron a escribir, se han tocado ya todos los temas: amor, odio, pobreza, riqueza, tristeza, alegría, en fin.
Poer eso no significa que no se tenga de qué escribir, porque como Bécquer dice en este poema, mientras sigamos percibiendo un mundo exterior, mientras haya vida, podremos crear poesía.
Podremos cantar la belleza y la complejidad que la existencia encierra en su misterio. Personalmente, prefiero los autores que le impregnan originalidad a sus textos, los que se nota que tienen algo que decir, algo diferente, algo distinto, una manera especial de decir las cosas, por eso no me agradan los poemas que se resignan a repetir un tema (el amoroso por ejemplo) y a repetir además la forma en la que los grandes poetas han hablado de esos temas.
Las ráfagas de originalidad son las que prefiero como lector. Y estoy de acuerdo con Bécquer, nunca acabará la poesía.

Rima IV

No digáis que, agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira;
podrá no haber poetas; pero siempre
habrá poesía.

 Mientras las ondas de la luz al beso
palpiten encendidas,
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista,
mientras el aire en su regazo lleve
perfumes y armonías,
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!

 Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista,
mientras la humanidad siempre avanzando
no sepa a dó camina,
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!

 Mientras se sienta que se ríe el alma,
sin que los labios rían;
mientras se llore, sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;
mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan,
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡habrá poesía!

 Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran,
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira,
mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas,
mientras exista una mujer hermosa,
¡habrá poesía!

Gustavo Adolfo Bécquer


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